Deportado por Santos a Ecuador, a quien había defendido ante juez de Sucumbíos
Fernando Balda Flores fue el primer funcionario público ecuatoriano que comenzó a investigar y a hablar de los vínculos del régimen del presidente Correa con las Farc. Balda, ingenuamente, pidió cita con el presidente, para ponerlo al tanto de los graves hechos.
Pero Correa ni se inmutó cuando vio las pruebas de que su ministro de seguridad, Larrea, tenía tratos con “Raúl Reyes” y que su viceministro Chauvín, traficaba con drogas para las Farc. Al contrario, trató de tranquilizar a Balda y le prometió ‘tomar medidas”. Cuál no sería la sorpresa de Balda, cuando, al salir de Palacio, sintió que lo estaban siguiendo algunos sabuesos de la inteligencia de Correa. Dos días después sufrió un atentado. Balda decidió, entonces, huir y refugiarse en Colombia. Creía que iba a ser bien recibido, puesto que fue él quien, gratuitamente y como agente oficioso, se hizo parte, como representante del entonces Ministro de Defensa de Colombia, Juan Manuel Santos, en el juicio que se le seguía en Sucumbíos por la muerte del terrorista “Raúl Reyes”. Santos fue desvinculado del proceso por la gestión de Balda.
Efectivamente, Balda tuvo en Colombia, durante varios meses, un trato Vip. Pero su suerte comenzó a cambiar cuando publicó en el blog fernandobalda.wordpress.com una reseña de la reunión sostenida por el ex presidente Uribe con dirigentes ecuatorianos, el 12 de mayo de 2012. Balda, promotor de ese encuentro, había caído en una celada que le tendió su hoy enemigo mortal, el presidente Correa. Miembros de la inteligencia de la policía ecuatoriana, se camuflaron como “dirigentes sociales” y grabaron todo lo dicho en la reunión. Correa alcanzó a celebrar el “hallazgo” de sus detectives. Seguramente creyó que podría denunciar una conspiración para derrocarlo o un intento de asesinato, pero cuando le llevaron la copia desgravada de todo lo dicho en la reunión, su cara fue de desencanto. Resulta que toda la exposición hecha por Uribe se había circunscrito a temas económicos y de integración latinoamericana.
Correa, entonces, dio la orden de llevar a Balda a Ecuador, por las buenas o por las malas. Para adelantar el operativo instalaron en Bogotá un comando ecuatoriano.
Durante meses, realizaron labores encubiertas en Colombia. Lo primero que lograron fue contactar a policías corruptos en Bogotá para que simularan una deportación. El operativo lo prepararon para el 5 de julio de 2010. No contaron con la capacidad de reacción de Balda, quien se empecinó y no permitió que lo llevaran a la policía, sino a las oficinas de migración. Allí, el director, Juan Carlos Clavijo, hizo una llamada a la cancillería. Su interlocutor al otro lado de la línea le dijo que no había tal orden de deportación, que al contrario, Balda era bienvenido en Colombia. Clavijo ordenó ponerlo en libertad y le expidió de inmediato, para él y toda su familia, sendos documentos de viaje colombianos, conocidos en los aeropuertos como “pasaporte de apátrida”.
Balda había visto y sentido movimientos sospechosos alrededor de su edificio durante los días anteriores. Con la ayuda de los videos de vigilancia de su casa y de los edificios vecinos, Balda pudo reconstruir toda la operación ilegal de su “captura” y reconocer a los ecuatorianos y colombianos involucrados. Pero, Balda, en lugar de preocuparse, creyó que el primer fracaso de Correa lo iba a desanimar y desestimular. Al contrario: como no pudo llevárselo por la vía semilegal, optó por otra peor: promover o patrocinar su secuestro en territorio extranjero.
El comando integrado por los cuerpos de inteligencia ecuatoriana, ideó un secuestro en Colombia, a la manera de los del Mossad para raptar asesinos nazis en las capitales suramericanas. Contrataron un suboficial del ejército colombiano, quien a su vez contrató una banda de secuestradores.
El 13 de agosto de 2012, Balda fue secuestrado por 4 individuos, tres hombres y una mujer. Pero la banda “contratada” por los ecuatorianos era un grupo de inexpertos y chambones, llegados a Bogotá desde un pueblo del Cauca, que no conocían ni direcciones ni lugares de Bogotá, que estaban sin ropa adecuada para moverse por el norte capitalino. Por eso, el secuestro de Balda se frustró. Fracasó porque hubo una fuerte reacción de los taxistas que presenciaron el rapto, avisaron a la policía, y se fueron en caravana detrás de la camioneta Toyota/Prado. Desesperados, los criminales abandonaron a la camioneta y a la víctima.
Las autoridades de policía judicial se dieron un banquete probatorio con el vehículo abandonado. Encontraron en él huellas digitales de todos los participantes, la factura de pago del arrendamiento del vehículo (sí, ¡los secuestradores arrendaron el carro!), recibos de compra de ropa, pago de hoteles y restaurantes, etcétera. Un día después las autoridades tenían completamente esclarecido el modus operandi de los secuestradores, sus nombres, videos y fotos de los sitios por donde habían rondado antes de la operación criminal.
El primer implicado que encontraron era un residente de Puerto Tejada, Cauca, a donde había regresado el día siguiente del secuestro. De inmediato, al ver en su casa a las autoridades, cantó y contó todo: que el 10 de agosto, se puso de acuerdo con un amigo que es cabo del Ejército de Colombia; que el propósito era llevar a Balda hasta Ipiales, y que la “vuelta” les reportaría 30 millones de pesos; que el grupo de porteños, entre los cuales iba una mujer, se reunió el sábado siguiente en el aeropuerto de Cali y viajaron en Avianca hasta Bogotá; que el ecuatoriano que dirigía la operación y que resultó ser un funcionario de la inteligencia policial ecuatoriana, Luis Chicaiza, los instaló en el hotel Imperial House, a pocas cuadras de la embajada de Estados Unidos y que los había llegado a comprar ropa al centro comercial Salitre Plaza; que el domingo 12 se emborracharon en un lupanar del barrio Santa Fe y que el lunes en la tarde compraron celulares, con la plata que les entregó el cabo del ejército; que luego hicieron un reconocimiento de la zona, barrio Cedritos, donde Chicaiza, que aparentaba ser amigo de Balda, se los entregaría.
¿Por qué Balda es una piedra en el zapato para Correa? Balda estuvo en la fundación de Alianza País, movimiento que llevó a Correa al poder. Después del rompimiento con Correa, en 2009, cuando Balda era miembro de la Asamblea Nacional del Ecuador, se acercó al ex presidente Lucio Gutiérrez, el principal opositor a Correa. Hoy, Balda, es uno de los críticos más reconocidos del régimen. Su blog y su twitter son el principal referente nacional e internacional sobre la corrupción de régimen. Correa le ha respondido con una persecución feroz, para la cual se apoya en un aparato judicial que actúa, casi, como una oficina adscrita a la presidencia. Esos procesos y una orden de captura, hicieron que Balda buscara refugio en Colombia desde 2009.
Vanessa Castelo, la esposa de Balda, y sus cuatro hijos, acompañaron al líder opositor a Bogotá. El entorno de Uribe, en particular el Centro de Pensamiento Primero Colombia y sus principales directivos, Fernando Alameda y José Obdulio Gaviria, le prestaron toda la solidaridad y lo invitaron a vincularse a sus actividades. De allí surgió la reunión que sirvió como camino de los miembros de la inteligencia ecuatoriana para contactar a Balda, hacerlo entrar en confianza y planear su deportación o su secuestro.
En octubre de 2012, Balda decidió que su estadía en Colombia se había vuelto imposible. Hizo contacto con autoridades panameñas, quienes le reiteraron que un principio de la política internacional de ese país era acoger a los perseguidos políticos sin consideración al color o ideología del perseguido. Entusiasmado, Balda comenzó a hace los trámites y, para llenar ciertos requisitos, llamó telefónicamente a Juan Carlos Clavijo, el funcionario de inmigración que lo había salvado del intento de deportación. El funcionario lo citó para el 11 de octubre y le aseguró que al día siguiente tendría todos los documentos que le permitirían viajar con su familia a su nuevo país de refugio, Panamá.
Se trataba de una celada para entregarlo a Correa. Balda llegó a la cita con Clavijo a las 16:00, cuando ya no había público en el lugar. Clavijo, con mucha cordialidad lo hizo pasar a su despacho y le ofreció ir a pedir un café. A los cinco minutos, Balda estaba en manos de funcionarios de inmigración, quienes le leyeron una resolución de deportación previamente preparada. Lo condujeron en vehículos de la cancillería hasta Catam y le hicieron abordar un avión de la fuerza aérea colombiana, que decoló a las 17:50.
Balda alcanzó a avisar a sus amigos en Bogotá lo que le estaba ocurriendo. Inmediatamente se le dio aviso al ex presidente Lucio Gutiérrez, quien se puso al frente de la denuncia del caso para evitar el desaparecimiento o las torturas a Balda en Quito. A la llegada al aeropuerto en Ecuador, además de los amigos del deportado, estaba presente Rommy Vallejo, jefe de la Unidad de Gestión de la Seguridad Interna de la Presidencia ecuatoriana. Vallejo ordenó llevar a Balda a Guayaquil, su ciudad natal, y recluirlo en la penitenciaría El Litoral. Semanas después regresó por él para llevarlo a Quito, al pabellón de alta seguridad del penal García Moreno. El pasado 7 de enero, un juez condenó a Balda por atentar contra la seguridad del Estado.
El presidente Santos se ha abstenido de referirse al caso. Igual ha ocurrido con la Canciller. Mientras tanto en Ecuador la figura de Balda se ha convertido en símbolo de la lucha contra la corrupción y el despotismo.